• diciembre 17, 2024
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El 17 de diciembre de 1830, Simón Bolívar, conocido como el Libertador de América, falleció en la Quinta de San Pedro Alejandrino, en Santa Marta, Colombia, a los 47 años. Sus últimos días estuvieron marcados por el deterioro físico y emocional, agravado por la desintegración de su sueño de una América unida.

Bolívar, debilitado y con apenas 40 kilos de peso, llegó a Santa Marta buscando alivio para su enfermedad. El doctor Alejandro Próspero Révérend, encargado de su cuidado, diagnosticó tisis pulmonar, una condición que en aquel entonces era difícil de tratar. A pesar de los intentos médicos, su estado empeoró rápidamente.

Días antes de morir, Bolívar redactó su testamento y proclamó: “Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro”. La tos persistente, el dolor y la confusión mental marcaron sus últimas horas, en las que expresó su incertidumbre con la famosa frase: “¿Cómo voy a salir de este laberinto?”.

El contexto político no fue menos turbulento. Bolívar había renunciado al poder, fue desterrado y vendió sus pertenencias para sobrevivir. La Gran Colombia se desintegraba, Venezuela se declaraba independiente y los conflictos internos arruinaron sus esfuerzos de unión continental.

Aunque en 2010 se realizó una nueva autopsia que descartó tuberculosis y envenenamiento, se concluyó que su muerte pudo deberse a un desequilibrio hidroelectrolítico provocado por prácticas médicas de la época.

Finalmente, Bolívar fue sepultado en Santa Marta, aunque su cuerpo fue trasladado a Venezuela en 1842, cumpliendo su última voluntad. Su legado como líder de la independencia permanece intacto, a pesar de haber declarado en sus últimos días: “He arado en el mar”.

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